REGALOS | Hace más de cuatro décadas, en Cochabamba el intercambio de pastelitos y buñuelos entre vecinos, con villancicos y bailes infantiles, era la esencia de la fiesta
De buñuelos y villancicos, algunas nostalgias navideñas
La Navidad hace más de cuatro décadas era diferente a la fiesta que celebramos hoy, pues las tradiciones cochabambinas hasta esa época no habían recibido la influencia que llegó a nuestro país, sobre todo, con los migrantes y el ingreso de la televisión, que trajo, entre otras cosas, programas extranjeros en los que los principales actores del 24 de diciembre eran un hermoso y adornado árbol lleno de nieve, un viejito gordinflón que traía juguetes para los niños y un delicioso pavo relleno.
Según explicó el investigador social Wilfredo Camacho, hace más de cuatro décadas en Cochabamba la Navidad empezaba dos semanas antes del 24 de diciembre con la preparación del pesebre en el que iba a nacer el Niño Dios.
En esa época, este pesebre era único y era también la máxima expresión de la Navidad, porque no tenía encima un árbol lleno de luces y colores que opaque su importancia.
Los niños tenían que recoger ramas de molle o de sauce llorón para armar este pesebre, pues la tradición del pino todavía no se había hecho popular en nuestra ciudad.
“El Niño Jesús descansaba sobre musgo, su ropita estaba hecha por lo general de aguayo y tenía ch’ullu. Era muy bonito porque también se lo iluminaba y se ponía a José y María con los animalitos propios de acá como vacas, ovejas y burros”, dijo Camacho, quien aseguró que en la construcción del pesebre participaba toda la familia.
La noche del 24 no había pavo y antes de cenar a las 00:00, las familias asistían a misa para rezar por el nacimiento del Niño Jesús. Los regalos que se entregaban por lo general consistían en la ropa que los niños necesitaban para el año que empezaba, que por lo general era confeccionada por sus mamás. “Los hermanitos sí intercambiaban juguetes que ellos mismo fabricaban como autitos de lata de sardina o trompos”, dijo el investigador.
Por la mañana, al día siguiente, era casi un rito tomar leche con chocolate con buñuelos o pastelitos de queso o de jigote. “El sentimiento se exteriorizaba hacia los vecinos, quienes hacían un intercambio de regalos, especialmente, con pastelitos y buñuelos rociados con azúcar molida y miel de caña. Estos intercambios se efectuaban con las visitas a los niños de los vecinos, que casi siempre estaban acompañados por un coro de niños que soplaban los pitillos de pajaritos hechos de lata”, explicó Camacho.
Según el antropólogo, en Cochabamba los villancicos se tocaban con acordeón y se bailaban zapateando. “Era una especie de carnaval navideño con música muy alegre y chuntunquis de niños con platillos de lata y pitillos de zampoña”.
El árbol
Originalmente, los druidas de Europa central celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y de la fertilidad, adornando un árbol perenne en la fecha próxima a la Navidad cristiana. En su copa se hallaba el cielo, mientras que en las raíces se encontraba el infierno. San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, cortó el árbol de los druidas y plantó un pino que adornó con manzanas y velas que simbolizaban el pecado original y las tentaciones y la luz de Jesucristo.
San Nicolás
Era turco. Su nombre real era Nicolás de Bari y nació en 280 en Patara, una ciudad del distrito de Licia en la actual Turquía. Se volvió santo por su buena relación con los niños, que empezó -–según una historia que relatan– cuando alguien acuchilló a varios niños y estos se curaron gracias a sus rezos. Su fama de hacer regalos se la ganó porque –según otra historia– regaló oro a tres niñas para que pudieran tener una dote y casarse. Él dejaba el oro escondido en los calcetines de las niñas.
Pesebre
El pesebre con el Niño, María y José además de los animalitos de yeso con musgo, molle y sauce llorón era el centro de la Navidad de antaño hasta que llegaron los migrantes y la televisión en el 70, que con mucha fuerza impulsaron la aceptación del ícono druida del árbol de navidad lleno de adornos y nieve que no coincide con el caluroso verano cochabambino, que antes acostumbraba ser muy lluvioso –a diferencia de esta época en la que el calor supera los 33 grados–.
El pesebre con el Niño, María y José además de los animalitos de yeso con musgo, molle y sauce llorón era el centro de la Navidad de antaño hasta que llegaron los migrantes y la televisión en el 70, que con mucha fuerza impulsaron la aceptación del ícono druida del árbol de navidad lleno de adornos y nieve que no coincide con el caluroso verano cochabambino, que antes acostumbraba ser muy lluvioso –a diferencia de esta época en la que el calor supera los 33 grados–.

No hay comentarios:
Publicar un comentario