Llanto, dolor, sangre y esperanza se mezclan encima de una pequeña silla sin espaldar o peor aún, sobre una precaria colchoneta acomodada en el piso. Ésas son las condiciones en las que ahora están naciendo los cochabambinos en el principal hospital materno infantil de la ciudad.
Este centro médico tiene sólo 84 camas y recibe diariamente a 40 pacientes (1.200 al mes) que necesitan dar a luz o sufren alguna enfermedad o problema de salud. No hay espacio para acomodar a las mujeres que lo visitan, razón por la cual enfermeras y médicos parecen no descansar un segundo.
Al ser el Complejo Hospitalario Viedma un hospital de tercer nivel (donde se hacen cirugías complejas y cuentan con equipos y personal especializado) muchos de los pacientes que son atendidos en centros menores son derivados allí provocando su colapso.
Afuera, los familiares esperan ansiosos el nacimiento de un nuevo miembro de la familia.
Sin embargo, al cruzar las puertas que separan a la sala de espera de las salas de operación, los familiares ven con preocupación la ausencia de espacio para que las pacientes sean atendidas en forma adecuada.
Constatan que los salones quirúrgicos se han vuelto también comedores o camas de reposo en los que se mezclan los nacimientos naturales con las cesáreas, las extracciones uterinas con las enfermedades o infecciones y legrados. “No podemos hacer nada, todos los seres humanos tienen derecho a la salud y no podemos rechazar pacientes”, explica un ginecólogo que no tiene cuna para el recién nacido que acaba de recibir.
Las recién llegadas ven que no hay camas para ellas y las enfermeras amablemente les piden que esperen en una silla hasta que haya espacio libre. Las futuras madres no saben que esta espera puede durar horas de dolor provocado por las contracciones.
Desde sus sillas contemplan a las nuevas madres y a los recién nacidos que están acomodados en todo el hospital, en las salas de revisión, en las salas de descanso, en las salas de intervención de legrados, en colchonetas en el piso, en los pasillos, en las camillas. En todas partes.
Aunque parezca que esta situación durará poco, después del nacimiento no termina el suplicio, pues en muchos casos las nuevas madres, después de 22 horas de trabajo de parto tienen que almorzar y no les queda más que hacerlo sobre las camillas.
“No podemos impedir que coman porque el trabajo de parto es muy duro y porque al existir la posibilidad de necesitar una cesárea, no dejamos que ellas ingieran ningún alimento”, explicó otro ginecólogo quien aseguró que “si no comen después de dar a luz pueden sufrir una hipoglisemia (descenso del azúcar en la sangre), desmayarse y sufrir otras consecuencias”.
DE TODAS PARTES
El colapso del maternológico no es un problema que pueda atribuirse al director de este hospital o al personal médico que trabaja en el, pues la cantidad de mujeres que llegan hasta allí es muy grande, pues además de recibir a las mujeres del Cercado, también atiende a las pacientes que llegan desde las provincias, desde el Chapare y desde hace algún tiempo, desde Potosí y Oruro.
Los médicos que trabajan allí no pueden explicar este fenómeno, pero consideran que es la fama de la calidad en la atención que tiene el hospital Viedma hace que pacientes de otros departamentos lleguen hasta él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario