miércoles, 6 de mayo de 2015

Biografía Iván Canelas

Con la artillería de las letras pudo ganarle a las balas o la tortura
 IVÁN CANELAS 



A los 23 años…  tres costillas rotas, heridas en la cabeza, en la espalda, un tobillo torcido, el tabique nasal fracturado y los ojos amoratados, le enseñaron a Iván Canelas el costo de defender la libertad de expresión. A esa corta edad fue torturado cruelmente por Luís Arce Gómez en persona y un grupo de matones paramilitares.

“No he visto quien le disparó, pero observe a Marcelo Quiroga Santa Cruz tirado en el piso, herido y sangrando. Fui testigo en el juicio contra García Meza porque caí preso cuando estaba en la COB en el golpe de 1980, cubriendo información como periodista de Radio Fides”, recuerda.

"Viví clandestino alrededor de un año, a pesar de que no pertenecía a ningún partido político. Me torturaron y cuando me golpeaban yo gritaba: ‘soy periodista, soy periodista’ porque en esa época no percibía que decir que uno era periodista era peor que decir soy del Partido Comunista”.

En una tarde lluviosa, con los ojos brillantes y la espalda tensa, inclinado hacia adelante recuerda que “cuando llegamos al Estado Mayor todos los militares y paramilitares nos encerraron en una ronda y uno por uno nos metían al medio para darnos una pateadura bárbara”. Se reclina sobre el espaldar de la silla y con un tono de voz más suave explica que logró salir de su encierro gracias a que "mi papá era un civil que trabajaba en el Departamento de Transmisiones y Enlaces del Estado Mayor y su jefe pidió que me dejaran libre. Me dijeron que estaba en la lista de la gente que iba a irse al Paraguay, pero nunca pude confirmar ese dato”.

Ser una de las víctimas del golpe de Estado más feroz que vivió Bolivia, no es el único hecho histórico en el que  participó Iván Canelas. Como periodista estuvo en los hechos históricos más importantes del país. Desde las dictaduras, las luchas por la recuperación de la democracia, las marchas indígenas y de los trabajadores mineros, la guerra del agua, del gas, la lucha de los productores de coca en el trópico de Cochabamba y el ascenso de Evo Morales Ayma al poder.

“Mi papá nació en Arque y mi mamá en Punata. Mi sangre es cochala”, dice y recuerda que sus padres, cada uno por su lado, muy jóvenes se fueron a vivir a La Paz, en busca de trabajo. Se conocieron allá y se casaron.

“Mi abuelo Medardo Alurralde fue maestro de Gualberto Villarroel. Durante mucho tiempo fue su profesor particular. Era Director de un colegio en Punata, pero tenía una escuela privada y  Villarroel estudió en la casa, vivió en la casa de mi mamá. Ella era muy pequeñita todavía”, dijo y explicó que cuando el expresidente que fue ahorcado por las oligarquías se convirtió en Primer Mandatario, “le dio trabajo a mi mamá en La Paz, en Telecomunicaciones del Estado… por eso se fue allá”.

Iván creció con nostalgia, mientras vivió en La Paz. Lo que más recordaba, durante toda su infancia, eran las vacaciones de dos meses al año que su familia pasaba junto a él en Cochabamba. Estaban incrustadas en su memoria, como un tatuaje hecho con fuego, el delicioso sabor de los choclos calientes con quesillo, el k’allu, la llajwa, el clima templado sobre la piel, sus amigos y amigas y los distintos tonos del verde valluno que duelen en los ojos cuando ya no los puedes mirar.

“Yo siempre me he considerado, desde chico, cochabambino. En la escuela yo decía que era kochala, porque me gustaba tanto venir aquí en vacaciones… yo era el kochala de mi curso”, recuerda.

Estudió en la escuela Nuestra Señora de La Paz y luego se fue al Don Bosco. “Para tercero intermedio me cambiaron al poderoso colegio Ayacucho”, dice y recuerda que cuando tenía 14 años lo eligieron dirigente del Centro Intelectual de Estudiantes Ayacuchenses y organizó la toma del Ministerio de Educación con los dirigentes de medio. “Lo tomamos porque no teníamos laboratorios, no teníamos mingitorios, no teníamos nada”. Esta toma se realizó durante el gobierno del Presidente Alfredo Ovando Candia.

“El Ministerio de Educación estaba al lado del colegio Ayacucho en la Yanacocha. Abrimos forados en la pared que unía al colegio con el Ministerio, entramos, tomamos de rehén al Ministro que logró escapar y nos quedamos 24 horas. Dormimos en el colegio y mi mamá estaba desesperada”, contó y explicó que hasta el día de hoy, el colegio Ayacucho jamás le devolvió este inmueble al Gobierno.

Salió del colegio Don Bosco y recibió una beca de la Universidad Católica Boliviana para estudiar Comunicación y Periodismo. “Nosotros éramos una familia de clase media bien media”, sostiene al recordar que era muy difícil pagar la mensualidad en esa casa de estudios superiores, razón por la cual desde muy joven empezó a trabajar.

“Fui repartidor de recibos de Samapa, de los que salen a las calles a repartir casa por casa. Me peleaba mucho con los perros”, dijo y con alegría recordó que su primera experiencia en medios de comunicación la obtuvo en Radio Progreso donde conoció a los amigos más entrañables que lo acompañaron a lo largo de su vida, como Carlos Krings, Pedro Glasinovic, Carlos Quiroga y Juan Carlos Zambrana, con quienes hacía un programa deportivo.

Tras esta primera experiencia, el afamado padre Eduardo Pérez lo llevó a trabajar a Radio Fides hasta 1980, que fue la época en la que se desató la dictadura de Luís García Meza. Como periodista ya vivió la represión del golpe del Cnl. Alberto Natusch Bush, el 1 de noviembre de 1979.

Tras la tortura y la semana de prisión en julio de 1980, al salir de la cárcel Arce Gómez le aconsejó que abandonara el país, pero como quedó sin trabajo y su niño de tres años junto a su esposa necesitaban que el superara rápido el trauma para llevar el pan del día, tuvo que adquirir nuevas habilidades. “Aprendí a ser imprentero en la Buenos Aires en La Paz. Fui cajista y aprendí a operar las viejas imprentas manuales que había que armar letra por letra. Hice un cancionero y me gané la vida haciendo invitaciones, esas cositas para bautizos, me hice un álbum con varios tipos de tarjetas para Navidad y los amigos me ayudaron a acomodar en sus oficinas y con eso me gané platita”.

Pero como “el mejor oficio del mundo” esclaviza la pasión de quien lo ha ejercido, Iván Canelas no pudo quedarse mucho tiempo lejos de las noticias. Por casi un año fue suplente en la redacción de Presencia, hasta convertirse en periodista de planta por 15 años. Sólo Cochabamba pudo separarlo de ese periódico.

A lo largo de los años bien vividos en la sede de Gobierno se convirtió en dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz y luego de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. En esa época, la máxima institución gremial periodística llegó a ser tan creíble como la Iglesia Católica ya que ambas siempre hacían de mediadoras en los conflictos sociales.

“En esa época, si no recuerdo mal, conocí a Evo en un Congreso bien conflictivo de la Central Obrera Boliviana que se realizó en Oruro (…) Él vino como dirigente del Trópico cuando recién estaba empezando y estaba junto a los campesinos con la petición de crear una Secretaría General, pero varios sectores se opusieron, bajo el argumento de que los campesinos son empresarios por ser dueños de la tierra”.

Dos años después volvió a coincidir con Evo Morales en otro Congreso de la COB en Sucre en el que evitaron la expulsión de Filemón Escobar. “El propio Evo lo apoyó porque lo iban a expulsar por traidor. En la votación evitamos que eso pase”, recuerda.

En ese evento desde la representación de la prensa de Bolivia Canelas planteó una asamblea constituyente, popular y revolucionaria, que no tuvo respaldo porque los mineros consideraban que no era más que una propuesta “burguesa”.

Luego Iván Canelas fue nombrado Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), en un congreso celebrado en Brasil. Actualmente es uno de los cuatro presidentes de honor de la institución que fue creada en 1976.

Después de vivir ese torbellino de emociones, aventuras y desventuras, Canelas sólo dice: “te llama la tierra”, para explicar las razones por las cuales decidió un día volver para vivir en la Llajta y cuidar a su padre, que se encontraba muy delicado de salud. Trabajó como corresponsal de la Agencia española de noticias "EFE" y en el periódico  La Razón por más de nueve años. Ahí conoció más de cerca al joven líder cocalero con el que se tropezó una década atrás en el Congreso de la COB en Oruro.
“El Chapare era una zona de guerra y la amistad que comencé a tener con Evo se hizo más fuerte e intensa en esa época. Casi muero en el Chapare. En la región conocida como Loma Alta, en Ivirgarzama, fui a ver un campamento militar y cuando caminaba junto al compañero campesino Ramón Pérez, que hacía de guía, empezaron a dispararnos y a él le llegó un tiro. Yo pensé que se trataba de un balín. El cayó y yo vi que tenía un agujerito en la mano derecha. Me tiré al piso y me arrastre a la maleza, gritábamos que éramos periodistas pero no dejaban de dispararnos y tirarnos gases. Nos ocultamos en un cerro y llamé a mi jefe de La Razón, Grover Yapura, para que nos ayudara”.

El editor General de La Razón en La Paz se comunicó con el Estado Mayor y logró hacer que dejarán de dispararles. “Me percaté que no eran balines porque vi al compañero Pérez tirado sobre un charco de sangre. Vivo todavía. La bala había atravesado la mano derecha, pasó por su estómago y salió por su espalda. Murió en el helicóptero cuando lo trasladaban”.

Ejerció el periodismo por más de 31 años, en Presencia, La Razón, las agencias internacionales EFE y ANSA, Radio Fides, Panamericana, Radio Progreso y Radio San Gabriel. Aunque ya no elabora productos para una redacción explica que no se ha convertido en ‘experiodista’, porque esa es la profesión que logró en la universidad.

Asegura que todos los periodistas tienen una posición política. “No somos ángeles sin sexo, el ser humano es político, por naturaleza”, dijo y explicó que decidió militar y formar parte del MAS porque no pudo resistirse a la seducción del cambio. “Evo y yo somos amigos, hemos compartido la lucha obrera, la lucha revolucionaria, la lucha sindical cada uno desde su sector… además yo cubría la información que el generaba (…) es un paso difícil para un periodista entrar en política y creo que no me equivoque porque este proceso ha cambiado al país, porque Bolivia con Evo Morales es totalmente diferente”.

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