Pujllay te regala un pollito y un rabanito ¡Cuídalos!
Ya se hicieron los surcos. La semilla de cebolla fue sembrada y el agua riega el cultivo. Tres niños del grupo Pujllay agachados frente a la tierra miran el fruto de su trabajo. Sus padres sólo sonríen.
"Los niños siembran vegetales de producción rápida porque son impacientes y quieren ver rápido los resultados", explica la responsable del proyecto Pujllay, Norma Rivero, quien trabaja en la Asociación de Organizaciones No Gubernamentales (Asongs), en la formación de 58 grupos Pujllay en el departamento de Cochabamba.
Estas agrupaciones tienen a 2.063 niños participantes, que están entre los cinco y 15 años, en Sipe Sipe, Anzaldo, Capinota, Colcapirhua, Tiquipaya, Santiváñez y comunidades del trópico, como Chipiriri, Chimoré, Puerto Villarroel y Villa Tunari, donde también apoyan a grupos indígenas como los yuquis y yuracarés.
Jugando, aprendiendo y trabajando, la ONG vela por la seguridad alimentaria de los pequeños, enseñándoles qué deben comer para vivir sanamente. Para eso, les regalan semillas y los ayudan a instalar huertos, en los que siembran hortalizas, cebollas, tomates, lechugas, papas, rabanitos, pepinos, zapallos, entre otros productos, y aprovechan este mecanismo para hablar de los derechos humanos, la salud, la protección del medio ambiente y la solidaridad.
La facilitadora de este programa explica que se optó por el mecanismo de la huerta "para ayudar a hacer visible el trabajo de los niños dentro de la comunidad, porque al tener sembradío y llevar alimento a sus casas los pequeños pueden ser tomados en cuenta en la familia".
Los educadores seleccionan a los huertos mejor cuidados y entregan animalitos a sus dueños. Primero un par de pollitos. Si éstos crecen bien, llegan los patitos y luego los conejos. Una vez que sus animalitos se reproducen, los niños deben devolver una parejita de cada especie para que el proyecto siga repartiéndolos. Sólo los niños más responsables reciben el premio mayor: un chancho.
Estos animales sirven para que los niños coman carne, pero& otro problema: los niños se encariñaban con los animalitos y no permitían que sus padres los maten para meterlos a la olla. Pero los animales se reproducen rápidamente, al final hay que deshacerse de algunos.
Rivera explica que en cada entrega de animalitos se elaboran certificados de nacimiento, que son entregados a los pequeños, que a su vez entregan certificados de adopción cuando donan las crías.
El educador de Capinota, Peter Lizarazu, explica que "se hace esta documentación para controlar que los animales no se reproduzcan entre hermanos para evitar problemas genéticos en las nuevas generaciones".
EL PROYECTO
* Es un proyecto financiado desde hace tres años por Caritas Australia, ejecutado por 12 entidades que forman parte de la Asociación de Organizaciones No Gubernamentales (Asongs) en 32 comunidades del área rural de Cochabamba y zonas periurbanas de la ciudad.
* Las organizaciones que forman parte de este proyecto son Apsar, AVE, Cinep, Ceprujem, HMI Chipiriri, Fepade, Ejército de Salvación, Infante, MAP, PDA Azirumarca, PDA Santiváñez y PDA Los Vecinos.
* Estas 12 organizaciones tienen un equipo de 38 educadores que trabajan con los grupos Pujllay, reuniendo a los niños una vez por semana (los sábados), en espacios abiertos de las comunidades en las que viven.
Los grupos indígenas
Los yuquis y los yuracarés también forman parte de los grupos Pujllay. Los niños del primer grupo llegaron a tener las mejores huertas de los 58 grupos del departamento, pero las lluvias destruyeron toda su producción.
Trabajar con estos infantes fue la labor más complicada para Pujllay. Al ser un pueblo cazador y recolector, los adultos no estaban de acuerdo con que sus hijos trabajen la tierra.
Los niños cultivaban en el día y sus cultivos aparecían destruidos por las noches. Los adultos decían que los animales arruinaban el sembradío.
Pero, tas la primera cosecha y después de que las gallinas pusieran sus primeros huevos, los padres aceptaron la actividad y ahora acompañan a sus hijos en el trabajo.
Sara Prado
Niña participante
Me han enseñado en Pujllay que primero tengo que limpiar la tierra y luego sembrar las semillitas. También me han regalado patitos y mis papás dicen "¡qué bonitos!". Todavía no me he comido ningún patito porque son muy chiquitos, pero cuando sean grandes sí me los voy a comer.
También algunitos voy a vender, pero siempre me voy a guardar dos para que tengan crías. Tengo ocho años y mis hermanitas van conmigo al
Pujllay. A la mayor, le han dado pollitos, pero a la más chiquita no, porque el día que nos dieron ella faltó.
Límber Cáceres
Niño participante
Tengo 11 años y voy al grupo Pujllay desde hace dos años, todos los sábados, y nos enseñan a plantar. Además, nos dan animales. A mí me han dado pato y gallina. Todavía no me han dado conejitos, pero me van a dar. Aquí en mi huerto he sembrado lechuga, cebolla, lacayote y repollo. Ha dado y en mi casa hemos comido. Mis papas me dicen que me está yendo muy bien y cuando mis animalitos sean grandes me los voy a comer o los voy a vender.
Casta Panozo
Tengo cuatro hijos, pero los tres mayores ya trabajan. Por eso, sólo la más chiquita va al grupo Pujllay y le gusta porque la vez pasada le han llevado de campamento a Chapare. La primera vez le han dado gallinitas y patitos y gracias a eso comemos huevito todos los días. También nos ha dado cebolla, rabanito, lechuga, achojcha, betarraga, las cosas más necesarias para la casa. Los patitos cuando ya son grandes nos los comemos y si estamos muy necesitados los vendemos
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