Pueblos fantasma en el proyecto Misicuni
Dos pueblos fantasma conviven, frente a frente, en los cerros que coronan el valle en el que se acumulará el agua para la represa de Misicuni. Lindas casas con fachadas amarillas o de ladrillo visto, con baños que tienen pulcros y níveos inodoros y lavamanos, además de lavanderías con un fuerte caudal de agua para lavar ropa durante todo el día, son depósitos de papa y de forraje para animales.
Los comunarios pasan delante de ellas durante todo el día, pero duermen en un pueblo de adobe que han ido levantando durante los últimos tres años.
Los propietarios de estas viviendas llegan hasta el lugar con sus llaves para meter o sacar los alimentos que guardan allí. Saben que algún día deberán habitar la zona, pues actualmente dividieron su existencia entre estas alturas y los pueblos que en el futuro serán cubiertos por el agua, cuando esté concluida la represa de Misicuni.
Toribio Choque es uno de los campesinos que utiliza la casa nueva como depósito. Sus hijos viven a menos de 500 metros, en un pueblo de adobe recién creado por los comunarios. Nos hemos venido a vivir aquí, porque desde el próximo año se va a trasladar la escuela aquí arriba y mis cinco hijos van a caminar más de 15 kilómetros cada día para poder estudiar , dice mientras llama a los pequeños que están dentro de la casa que tiene el piso de tierra y el techo de paja.
Esa nuevita es mi casa, pero preferimos vivir aquí porque el adobe es más caliente , explica para justificar que la compensación que recibieron para ceder sus terrenos no logró desarraigar sus milenarias costumbres.
Toribio explica que en el nuevo pueblo, además de la escuela con cinco aulas, una dirección y cuatro dormitorios para los maestros, también construyeron un templo, que por el momento está vacío, y un baño público para cuando vienen visitantes de la ciudad (los campesinos no lo usan).
La escuela está al fondo
Los maestros, padres de familia y niños que pasan clases en el núcleo escolar José Barrientos Ortuño (construido en 1953) en Misicuni temen por el futuro de la formación de los pequeños del lugar, pues el traslado de las comunidades campesinas a las alturas traerá complicaciones.
Actualmente, la escuela funciona en la planicie que será el fondo de la represa. Está ubicada justo al medio de los asentamientos humanos y los niños que viven en las diferentes comunidades bajan del cerro para asistir a la escuela. Allí tres maestros los atienden en cursos multigrados desde primero hasta octavo de primaria, dentro de dos aulas, que cuentan con dos pizarrones cada una. El desayuno escolar es entregado alrededor de las 12:00. Es el único almuerzo que ellos comen.
El cambio de residencia agrandará las distancias que tendrán que caminar para llegar a sus aulas y, aunque las nuevas escuelas son más amplias y más bonitas, en ellas no se podrán mantener los cursos multiciclos, pues los tres maestros serán separados para cubrir cada uno una escuela.
240 FAMILIAS
Alrededor de 240 familias viven en esta situación dentro de las comunidades de Misicuni (60 familias), Sivingani (60), Viscachani (60), Aguadas (20), Putucuni (20) y Misicuni II (20). Aunque todavía no se ha movido una piedra para empezar a construir la represa, se tiene todo listo para migrar hasta estas nuevas ciudadelas construidas por la empresa encargada de ejecutar el proyecto múltiple, que, además de solucionar la escasez de agua en la región, también se prevé que producirá energía eléctrica.

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