viernes, 8 de mayo de 2015

Mujeres al volante: ellas conquistan el trabajo

Mujeres al volante: ellas conquistan el trabajo



Las calles cochabambinas son invadidas cada vez con más frecuencia por vehículos que rompen los estereotipos y monopolios masculinos. Ahora, los tacones pisan con firmeza el acelerador o el freno, y los retrovisores reflejan aretes, collares y otros adornos de bisutería, además de ojos delineados o labios pintados, de conductoras que, pese a su feminidad y alguno que otro llanto de bebé, tienen que lidiar con el obstruido tráfico del centro de la ciudad, los choques, los insultos de otros conductores y los varitas de tránsito que nunca faltan cuando se comete una infracción.
Las mujeres conductoras ocupan cada vez más espacios dentro del sector probablemente más varonil de la sociedad cochabambina, y, ahora, además de manejar taxis en horarios diurnos, se animan a trabajar por las noches, hacer viajes interdepartamentales, ser ayudantes de camión en viajes internacionales, manejar trufis y micros o camioncitos de distribución de productos alimenticios.
Una de las pioneras en esta incursión es Estela Villalobos, quien conduce un radio taxi desde hace más de ocho años y ahora se animó a trabajar en el turno nocturno, porque éste representa mejores ingresos económicos para ella y su familia.
Conocida como La Duquesa por manejar el móvil 2, en la línea de radiotaxis Temporal, atiende sobre todo a la clientela femenina que la llama, especialmente los últimos días de la semana, para garantizar su seguridad y llegar sin problemas al hogar después de alguna fiesta, a pesar del riesgoso horario cercano a la madrugada y en algunos casos las copitas de más que las acompañan. Esta conductora se ríe de algunos envidiosos compañeros que le recomiendan que se vaya a casa a dormir o cocinar, y, como si fuera una travesura, cuenta cómo los uniformados ponen su auto en captura cuando da una vuelta en U.
Norma Zambrana es otra de las conductoras que rompe esquemas, pues es una de las dos mujeres que trabajan en el área de distribución de la empresa Nordland y que todos los días llevan leche, yogurt y helado.
TESTIMONIOS
Peleando en el taxi trufi
Elba Torres trabaja dos años como conductora de la línea de taxi trufi 101 que hace el recorrido desde la zona de Molle Molle (camino a Tiquipaya) hasta Santa Bárbara (en el sud de la ciudad). Ella es chofer y cada día debe entregar la renta al propietario del Toyota Caldina plomo que maneja para ganarse la vida.
Su vida dentro del sindicato de transportistas al que está afiliada no es sencilla, pues en esta entidad existen reglas muy firmes que nadie puede vulnerar. Una es vestir camisa y pantalón para trabajar y así como no permiten que los varones utilicen pantalones cortos o poleras a ella le prohibieron las faldas y blusas escotadas. Sin embargo, no abandona los tacones, que, según explicó, sólo se convierten en un problema cuando se pincha una llanta del auto.
Otra regla sindical que perjudica su vida es la que prohíbe trabajar con niños dentro del coche, pues aunque a algunos varones les disculpan que alguna vez hagan esto, a ella, que tiene un bebe de cuatro años, se lo prohíben por completo, para evitar que se le vuelva costumbre. Quería ser abogada, pero no. Voy a ser chofer un año más porque mi hijo va a necesitar más de mi , dice.
Otras conductoras
Detrás del volante de El Indomable (un micro Dodge D 400 modelo 75) Betty, una cholita de 23 años, viaja entre Cochabamba y Punata todos los días sin que su esposo, que se fue a España, se entere de su nuevo empleo, en el que ya va tres meses.
Cree que trabajo cama afuera en una casa, no quiere que trabaje de chofer, pero no me importa porque gano más del doble de lo que me han de pagar en una casa como empleada y aquí no me tengo que callar con los insultos porque cuando se meten y me van a chocar y me gritan, también yo les contesto , cuenta orgullosa de su trabajo, luego de pedir que no se le tome ninguna fotografía para evitar los problemas familiares dentro de su hogar.
Afirma que trabajará en este negocio por dos años más que es el tiempo en el que su marido piensa volver.

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