Un milagro: Con el favor de Dios criamos a 36 niños
Rubén apellida Ríos porque fue encontrado por las hermanas del hogar Inmaculada Concepción a la orilla de una vertiente. Rodrigo apellida Flores porque fue abandonado por su madre en septiembre, el mes en el que empieza la primavera. Fabiola fue hallada en medio de un maizal y por lo verde del lugar decidieron ponerle de apellido Valverde.
Éstos son sólo tres de los 36 niños cobijados por las hermanas Leticia y Elina, dos monjas franciscanas que dirigen este hogar ubicado en la zona de Vinto Chico. Las dos mujeres cuidan tanto de los pequeños, que incluso se preocupan por dotarlos del origen y los antecedentes históricos, que sus propios padres les negaron al no darles un nombre.
La madre Leticia, que es la directora de este hogar, explica que no siempre es posible poner un apellido a través de este método a todos los niños, pues la última pequeña que llegó a este hogar, fue encontrada hace un año dentro del basurero que está en la esquina de su barrio. A ella le regaló el apellido un alemán que fue su padrino de bautizo, por eso se llama Ruth Greti Shampi . Todos los pequeños que viven allí, incluso los que tienen un año, cuentan con carnet de identidad, que la Policía nos lo da de forma gratuita .
El hogar Inmaculada Concepción es una demostración de que la bondad existe, pues las responsables del orfanato lo sostienen sólo con el apoyo de las personas que están alrededor suyo, pues no cuentan con recursos económicos para financiarlo.
13 años de vida
El hogar empezó a funcionar hace 13 años en un cuarto ubicado en la zona de Cotacachi (Quilacollo), en el cual vivían las dos religiosas, una voluntaria que continúa ayudándolas y una decena de niños. Cocinábamos en el patio porque no teníamos espacio, pero salimos adelante .
Durante todo ese tiempo, la comida llegaba como regalo de las vendedoras del mercado, que en cuanto veían a las monjas les daban verduras y carne para que coman sus angelitos .
Hace siete años, Julia de Coronado les donó el terreno en el cual están instaladas actualmente. Sobre el, los miembros del Rotary Club edificaron la infraestructura del hogar dotándolo de dos dormitorios comunes (uno para niños y otro para niñas), dos baños, un comedor, una cocina, una sala de tareas y dos cuartos para acoger a los voluntarios que quieran ayudarlas. También tienen tres lavanderías donde las mujeres lavan y planchan la ropa de los pequeños que cuidan.
Ellas se encargan de todo el trabajo doméstico y sazonan la comida de los niños con los sabores cruceños, típicos de la tierra en la que nacieron. También tienden las camas de los más chiquitos y revisan las tareas que les mandan a hacer en el colegio.
Igual que en el relato bíblico sobre el milagro del pan y los peces, muchas personas e instituciones, como los niños de los colegios La Salle y Don Bosco, gente de buena voluntad, ex miembros del hogar criados por las religiosas y la Prefectura apoyan el trabajo.
Vacaciones en Santiago
Hace tres años los niños del hogar Inmaculada Concepción conocieron el mar y se metieron en el océano Pacífico que rodea la costa chilena. El Alcalde de Santiago conmovido por la labor de las religiosas, financió toda la vacación de los pequeños.
Para efectuar este viaje, el Alcalde les envió un bus que los trasladó hasta Chile en un viaje que duró más de 24 horas. Ellas tramitaron los pasaportes para sus pequeños en Bolivia y las autoridades chilenas la documentación que necesitaban para ingresar.
Nos quedamos en una aldea y no necesitamos dinero, pues allí nos dieron alimentación, transporte y todo lo que precisamos durante tres semanas , recordó la hermana Leticia, que además aseguró que fuimos tan felices que nadie quería volver .
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